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20 de març 2009

22 de marzo Día Mundial del Agua

El agua ha sido considerada comúnmente como un recurso renovable, cuyo uso no se veía limitado por el peligro de agotamiento que afecta, por ejemplo, a los yacimientos minerales. Los textos escolares hablan, precisamente, del “ciclo del agua” que, a través de la evaporación y la lluvia, devuelve el agua a sus fuentes para engrosar los ríos, lagos y acuíferos subterráneos… y vuelta a empezar.

Y ha sido así mientras se ha mantenido un equilibrio en el que el volumen de agua utilizada no era superior al que ese ciclo del agua reponía. Pero el consumo de agua se ha disparado: a escala planetaria el consumo de agua potable se ha venido doblando últimamente cada 20 años, debido a la conjunción de los excesos de consumo de los países desarrollados (ver Consumo responsable) y del crecimiento demográfico, con las consiguientes necesidades de alimentos.

La Conferencia de Mar del Plata, Argentina, celebrada en 1977, constituyó el comienzo de una serie de actividades globales en torno al agua que trataban de contribuir a nivel mundial a cambiar nuestras percepciones acerca de este recurso y a salir al paso de un problema grave y creciente que afecta cada vez más a la vida del planeta. Como se señala en el Primer Informe de Naciones Unidas sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos del Mundo: “De todas las crisis, ya sean de orden social o relativas a los recursos naturales con las que nos enfrentamos los seres humanos, la crisis del agua es la que se encuentra en el corazón mismo de nuestra supervivencia y la de nuestro planeta”. Es necesario recordar a este respecto que aunque el agua es la sustancia más abundante del planeta solo el 2,53% del total es agua dulce, el resto agua salada.
La lista de conferencias y acuerdos internacionales que han tenido lugar a lo largo de las tres últimas décadas resulta ilustrativa de la creciente gravedad de la problemática del agua, situándola en el centro del debate sobre el desarrollo sostenible. Así, en el Segundo Foro Mundial del Agua, reunido en Holanda en el 2000, se alertaba de que la agricultura y ganadería consumían el 70-80% del agua dulce utilizada en el mundo, con una responsabilidad muy particular de las técnicas intensivas de los países desarrollados: “para producir un solo huevo en una granja industrial hacen falta 180 litros de agua: esto es 18 veces más de lo que tienen a su disposición cada día los pobres de la India” (Riechmann, 2003). Este crecimiento del consumo ha llevado, por ejemplo, a una explotación de los acuíferos subterráneos tan intensa que su nivel se ha reducido drásticamente. Como advierte Jorge Riechmann (2003), “a escala mundial, algunas regiones agrícolas (como las llanuras del norte de China, el sur de las Grandes Llanuras de EEUU, o gran parte de Oriente Próximo y el norte de África) están extrayendo aguas subterráneas más rápido de lo que el acuífero puede recargarse, una práctica obviamente insostenible”. (…) La sobreexplotación de los acuíferos los daña en muchos casos irreversiblemente, ya por intrusión marina si nos hallamos cerca de la costa (lo que provoca su salinización), ya por compactación y hundimiento de sus estructuras”.Pero no se trata sólo de las aguas subterráneas: se ha tomado tanta agua de los ríos que, en algunos casos, su caudal ha disminuido drásticamente y apenas llega a su desembocadura, lo cual acaba produciendo irreversibles alteraciones ecológicas: pensemos que muchos peces desovan en el agua dulce que los ríos introducen en el mar y que muchas especies precisan de los nutrientes que esas aguas acarrean. Un caso extremo lo constituye la desaparición del mar de Aral, en el territorio de la antigua Unión Soviética, causada por la desviación de las aguas de los dos ríos que lo alimentaban para irrigar a gran escala el cultivo del algodón, que algunos califican como “la mayor catástrofe ecológica de la historia” (Chauveau, 2004).

Junto a este crecimiento explosivo del consumo del agua se ha producido y se sigue produciendo una seria degradación de su calidad debido a los vertidos de residuos contaminantes (metales pesados, hidrocarburos, pesticidas, fertilizantes…), muy superior a tasa o ritmo de asimilación de los ecosistemas naturales. Son conocidos, por ejemplo, los efectos de los fosfatos y otros nutrientes utilizados en los fertilizantes de síntesis sobre el agua de ríos y lagos, en los que provocan la muerte de parte de su flora y fauna por la reducción del contenido de oxígeno (eutrofización). Unos dos millones de toneladas de desechos son arrojados diariamente, según el Informe de Naciones Unidas sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos del Mundo, en aguas receptoras. Se estima que la producción mundial de aguas residuales es de aproximadamente 1500 km3 y asumiendo que un litro de aguas residuales contamina 8 litros de agua dulce, la carga mundial de contaminación puede ascender actualmente a los 12000 km3, siendo las poblaciones pobres las más afectadas, con un 50% de la población en los países en desarrollo expuesta a fuentes de agua contaminadas.

La Comisión Mundial del Agua ha alertado además del drástico descenso de los recursos hídricos provocado también por la degradación ambiental y, muy concretamente, por la deforestación y la pérdida de nieves perpetuas fruto del cambio climático: la lluvia ya no es retenida por la masa boscosa, ni tampoco en forma de nieve, lo que favorece la erosión y desertización. En el 2000 las reservas de agua en África eran la cuarta parte de las que existían medio siglo antes y en Asia y en América Latina un tercio y siguen disminuyendo mientras crecen la desertización y las prolongadas sequías. Y denuncia que 1200 millones de personas carecen de agua potable, mientras que a 3000 millones les falta agua para lavarse y no tienen un sistema de saneamiento aceptable. Tocamos así un segundo problema: el de los graves desequilibrios en el acceso al agua: como promedio, cada habitante de la Tierra consume 600 metros cúbicos al año, de los que 50 son potables, lo que supone 137 litros al día. Pero un norteamericano consume más de 600 litros al día y un europeo entre 250 y 350 litros, mientras un habitante del África subsahariana tan solo entre 10 y 20 litros (Chauveau, 2004). De los 4400 millones de personas que viven en países en desarrollo, casi tres quintas partes carecen de saneamiento básico y un tercio no tienen acceso al agua potable. En consecuencia, en las últimas décadas del siglo XX hemos asistido a un fuerte rebrote de las enfermedades parasitarias asociado a las dificultades de acceso al agua potable y a carencias en los servicios de salud. La mayoría de los afectados por mortalidad y morbilidad relacionadas con el agua son niños menores de cinco años y como señala el informe de Naciones Unidas sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos del Mundo: “la tragedia es que el peso de estas enfermedades es en gran parte evitable”.

Al propio tiempo, como se señala en la Declaración Europea por una Nueva Cultura del Agua, reproducida en la web http://www.unizar.es/fnca/presentacion1.php, de la Fundación Nueva Cultura del Agua, “el hecho de que más de 1.100 millones de personas no tengan garantizado el acceso al agua potable y de que más de 2.400 millones no tengan servicios básicos de saneamiento, mientras la salud de los ecosistemas acuáticos del planeta están al borde de la quiebra, ha sido el detonante de crecientes conflictos sociales y políticos en el mundo”.
En la actualidad, señala Duarte (2007), el 54 % del agua dulce terrestre ya está siendo utilizada por la humanidad y la mayor parte de los recursos hídricos (70%) se utilizan en agricultura, donde se mantienen sistemas de riego deficientes con grandes pérdidas de evaporación hasta del 60 %. Por su parte, la industria utiliza el 22 % de los recursos de agua globales y el 8% se destina a uso doméstico y servicios. Mientras la población se ha triplicado en las últimas siete décadas, el consumo de agua se ha multiplicado por seis.

Jacques Diouf, Director general de la FAO, comentaba en una entrevista en 2007, en torno al día Mundial del Agua (que ese año se dedicaba a cómo afrontar la escasez), que el acceso al agua está estrechamente ligado al cumplimiento de la mayoría de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, que incluyen dentro del mismo plazo la reducción a la mitad de la pobreza extrema y el hambre para 2015, detener la expansión del VIH/SIDA y garantizar la educación primaria para todos los niños. “Afrontar la escasez de agua requiere solucionar una serie de cuestiones, no todas ellas directamente relacionadas con la agricultura. Van desde la protección del medio ambiente y el calentamiento global hasta establecer precios justos para los recursos hídricos y un reparto equitativo del agua para el riego, la industria y el consumo doméstico. Ello significa que no solamente el sector agrícola, si no todo el mundo, organismos internacionales, gobiernos, comunidades locales, deben compartir la responsabilidad”. El problema del agua aparece así como un elemento central de la actual situación de emergencia planetaria (Vilches y Gil, 2003) y su solución –que exige el reconocimiento del derecho fundamental de todo ser humano a disponer de, por lo menos, 20 litros de agua potable diarios (Bovet, 2008, pp. 52-53)- sólo puede concebirse como parte de una reorientación global del desarrollo tecnocientífico, de la educación ciudadana y de las medidas políticas para la construcción de un futuro sostenible, superando la búsqueda de beneficios particulares a corto plazo y ajustando la economía a las exigencias de la ecología y del bienestar social global (Ver crecimiento económico y sostenibilidad).
Conviene destacar que las posibilidades técnicas para resolver muchos de los problemas que hemos ido mencionando ya están disponibles. Existen, por ejemplo, numerosas técnicas para determinar la calidad de las aguas, los elementos y compuestos tóxicos que pueden tener, los microcontaminantes, basadas en las orientaciones de la OMS de límites permitidos para el agua destinada a la alimentación. También hay tecnologías contrastadas de tratamiento de aguas residuales, depuración de vertidos industriales, etc. Hay tecnologías sostenibles que no sólo procuran disminuir la contaminación, sino que tratan de prevenir los problemas. Y existen unos principios básicos fundamentales recomendados para los proyectos tecnológicos de depuradoras, basados en la máxima reutilización de aguas limpias y semilimpias, reducción de caudales, separación inmediata de residuos donde se producen, sin incorporarlos a las corrientes de desagüe, para tratarlos separadamente, etc.También en lo que se refiere a impedir el agotamiento de los recursos de todo tipo (aguas subterráneas, bancos de pesca...) las técnicas y los planes de actuación ya están previstos y cuentan con formas de control extremadamente fiables, que van desde la vigilancia vía satélite al análisis genético de las capturas.
Por otra parte, estudios fiables de muy diversa procedencia (PNUD, Banco Mundial…) han mostrado que con inversiones relativamente modestas –apenas 9000 millones de dólares- habría agua y saneamiento para todos. En realidad bastaría con el 5% del gasto militar para lograr la reducción de la pobreza extrema con sus secuelas de enfermedad, hambre, analfabetismo…

Lo que falta, pues, es decisión responsable para llevar adelante los cambios necesarios. Algo que exige impulsar la educación para la sostenibilidad y, como parte de la misma, una Nueva Cultura del Agua: “Para asumir este reto se precisan cambios radicales en nuestras escalas de valores, en nuestra concepción de la naturaleza, en nuestros principios éticos, y en nuestros estilos de vida; es decir, existe la necesidad de un cambio cultural que se reconoce como la Nueva Cultura del Agua. Una Nueva Cultura que debe asumir una visión holística y reconocer las múltiples dimensiones de valores éticos, medioambientales, sociales, económicos, políticos, y emocionales integrados en los ecosistemas acuáticos. Tomando como base el principio universal del respeto a la vida, los ríos, los lagos, las fuentes, los humedales y los acuíferos deben ser considerados como Patrimonio de la Biosfera y deben ser gestionados por las comunidades y las instituciones públicas para garantizar una gestión equitativa y sostenible” (http://www.unizar.es/fnca/presentacion1.php).

Referencias bibliográficas en este resumen:
BOVET, P., REKACEWICZ, P, SINAÏ, A. y VIDAL, A. (Eds.) (2008). Atlas Medioambiental de Le Monde Diplomatique, París: Cybermonde.CHAUVEAU, L. (2004). Riesgos ecológicos. ¿Una amenaza evitable? México: Ediciones Larousse S.A.DUARTE, C. (Coord.) (2006). Cambio Global. Impacto de la actividad humana sobre el sistema Tierra. CSIC.RIECHMANN, J. (2003). Cuidar la Tierra. Políticas agrarias y alimentarias sostenibles para entrar en el siglo XXI. Barcelona: Icaria Editorial S.A.VILCHES, A. y GIL, D. (2003). Construyamos un futuro sostenible. Diálogos de supervivencia. Madrid: Cambridge University Presss. Capítulos 3 y 10.

http://www.oei.es/decada/accion06.htm

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08 d’abril 2008

La sequera i la nova cultura de l'aigua

L'Assamblea d'Entitats Ecologistes de Catalunya diu: http://www.pangea.org/aeec/

La situació actual de manca d’aigua no respon únicament a una situació anòmala de manca de pluges, escenari recurrent en la climatologia de la Mediterrània Occidental, per una banda, o dels baixos nivells de reserves als pantans, per una altra, sinó que és laconseqüència directa d’una mala planificació dels recursos hídrics i una gestió de l’aigua favorable al malbaratament per part de determinades activitats econòmiques.

Amb aquestes males pràctiques es creen desequilibris no desitjats entre els recursos disponibles i una oferta d’aigua excessiva per una demanda ajustada als usos reals i més sostenible.
La ciutadania està donant una lliçó magistral als responsables polítics d’aquest país, reduint el consum domèstic fins a valors veritablement decreixents i dignes d’elogi.
S’està demostrant que l’estalvi d’aigua a les llars està tocant fons en molts municipis, i no pot ser la pedra angular de la gestió de l’aigua. Per tant és obvi pensar que la mala planificació del recurs i dels seus usos ha d’implicar per força canvis estructurals ensectors que han fet i fan un ús excessiu, i sovint un abús, d’un recurs cada cop més escàs amb l’esdeveniment del Canvi Climàtic i el fenomen de la desertització. Aquests sectors que han vist com el seu creixement econòmic no tenia fre, i que han disposat d’aigua “a doll” durant dècades, sobretot per un excés d’oferta, hauran de reflexionar sobre la sostenibilitat del model actual i les conseqüències immediates que ja afecten al conjunt de tota la població. Ens referim, òbviament, als sectors de l’agricultura, la construcció, la indústria i el turisme.
Si alguns d’aquests sectors haguessin negociat de forma decidida millors convenis estructurals i de planificació, amb reciprocitat amb les administracions, s’haurien assolit estalvis d’aigua molt importants, que haurien demorat escenaris de pretesa sequera com el que es presenta i donarien marge per adobar infraestructures ineficients com sistemes de regatge actualment obsolets i moltes xarxes d’abastament, per posar dos exemples.
Les entitats que conformem Ecologistes de Catalunya portem dècades advertint dels abusos comesos en les captacions d’aigua per a regadius, indústries, pistes d’esquí, camps de golf, urbanitzacions, i complexes lúdics. Tanmateix, també portem dècades sense ser escoltats per la classe política, de la qual alguns dels seus membres, amb una certa i persistent amnèsia, s’arrengleraven en les idees de la sostenibilitat i control eficient dels recursos, ni pels grups empresarials que han hipotecat totalment aquesta opció de futur sostenible, transformant l’escenari en una necessitat de decreixement.
Alguna cosa ha de canviar en aquest paradigma per anar a un model digne en la gestió de l’aigua, més enllà de “polítiques d’emergència” transvassistes, alguns encoberts com el transport d’aigua en vaixells, i d’altres totalment descoberts i flagrants, com els antics transvasaments de l’Ebre i del Ter, o com els “potencials” transvasaments del Segre, el Roine, o la interconnexió CAT-ATLL, objectius que persegueixen seguir augmentant el negoci de l’oferta i la neutralització de la Nova Cultura de l’Aigua que predica l’actual Directiva Marc de l’Aigua de la Unió Europea.
Pretendre resoldre el problema de manca d’aigua de la regió metropolitana de Barcelona aportant aigua de l’exterior és d’una autentica miopia política i desqualifica el govern com a gestors irresponsables. A més del malbaratament, el problema és l’elevadaconcentració urbanística i industrial de la pròpia regió metropolitana, que concentra en una superfície de 3236 km2 el 10% del país (la xifra desproporcionada d'uns 5’5 milions de persones, el 80% de la població de Catalunya, més o menys la mateixa proporció de les superfícies industrials del país).
Davant d’aquesta situació l’única solució passa no només per parar el creixement descontrolat de la regió metropolitana, sinó també començant per aplicar criteris de decreixement, amb mesures que afavoreixin l’ordenació i distribució equitativa en el territori de les activitats productives com de la població que hi viu associada. El que considerem que s’amaga al darrere de tot és la defensa cega i perversa per part de l’actual govern de la Generalitat dels interessos mercantilistes del poder econòmic, que entre altres controlen la distribució de l’aigua. Això és el que pesa i decideix.
Ja són moltes les veus que s’han alçat en contra de les mesures transvassistes del govern català, algunes des del més pur vessant polític, altres des de la perspectiva territorial, i altres des de la més respectable neutralitat. Ecologistes de Catalunya vol manifestar,des de la tasca de defensa del territori que hi fan les entitats més representatives de l’ecologisme català, la seva rotunda oposició a qualsevol projecte de transvasament d’aigua a les conques catalanes, ja sigui per transport, connexió o “captació”.
En aquest sentit, davant de les intencions del Govern de la Generalitat de començar al mes d’abril les obres a la capçalera del Segre per realitzar el transvasament d’aigua del riu Segre des de la Cerdanya, conca alta del riu Segre, cap al Llobregat, amb destinacióa la regió metropolitana de Barcelona, considerem que:
- l’esmentada acció suposaria una autentica transgressió de les normes legals bàsiques que regulen l’estat de dret i democràtic.
- Amb aquest pla de govern s’anul·larien tots els processos previstos d’informació, transparència i participació pública, actuant unilateralment i per decret, amb el pur estil de les declaracions d’estat de excepció propi dels governs totalitaris, i vulnerant innumerables normatives catalanes, espanyoles i directives europees.
- el projecte de transvasament té unes exigències legals a acomplir, com són la redacció d’un projecte, amb el seu tràmit d’avaluació d’impacte ambiental i social previst en la normativa vigent, i la corresponent informació i participació publica, que no es pot anular per existir altres alternatives possibles.
- legislativament és del tot imprescindible la tramitació al congrés dels diputats i l’aprovació del Ministeri de Medi Ambient mitjançant decret llei. També hauria de requerir l’aprovació del parlament català, i del consell de l’aigua de la conca del Ebre.
Des d'Ecologistes de Catalunya presentarem davant de la fiscalia de medi ambient una denúncia per presumptes delictes de prevaricació, contra el medi ambient i d’abús de poder per part de govern de la Generalitat.
I més enllà de la situació actual de sequera i de posicionaments i contradiccions, el secretisme, l'opacitat, i els desmentits dels representants del govern, Ecologistes de Catalunya DEMANA:
- La recuperació de tots i cadascun dels aqüífers de Catalunya que actualment no són aprofitables per a ús de boca per problemes de contaminació, ja sigui per nitrats, clorurs, sulfats, trihalometans, o qualsevol altre contaminant. Cal recordar que amb noves tecnologies com l’electrodiàlisi o l'òsmosi inversa, per citar alguns exemples, ja fa anys aquests recursos son perfectament recuperables i amb costos associats comparables o fins i tot més econòmics que els transvasaments.
- La recuperació progressiva dels cabals mínims de manteniment a tots els rius catalans, d’acord amb allò que es disposa al Pla Sectorial de Cabals de Manteniment i la Directiva Marc de l’Aigua, mitjançant el tancament immediat de totes les minicentrals, per escenaris considerats crítics, així com la progressiva amortització de les concessions administratives d’aquestes activitats, per tal de recuperar l’estat més natural possible dels nostres rius, amb uns cabals circulants d’acord amb la nostra climatologia.
- La recuperació dels boscos de ribera exclusivament amb espècies autòctones i la seva fauna associada, per a mantenir la qualitat dels ecosistemes de rius i rieres nets i saludables
- El retorn progressiu dels transvasaments del Ter i de l’Ebre, en un horitzó proper, acompanyat de l’augment dels recursos propis dels aqüífers locals al Camp de Tarragona i a les conques del Llobregat, Besòs i Pla de Barcelona, on actualment es dóna una saturació en molts punts, havent-se d'efectuar bombaments d’importants quantitats d’aigües freàtiques al sistema de clavegueram, i de retruc diluint de forma ineficient la càrrega contaminant de les aigües residuals que van a parar a les EDAR’s dels sistemes de sanejament.
- L’aplicació de mesures fiscals i sancions contundents en aquells sectors econòmics que fan un ús insostenible de l’aigua.
- La imposició de responsabilitats penals als causants de contaminació fluvial o edàfica per abocaments il·legals o negligència de les Administracions en el seu control i vigilància, i de retruc als funcionaris que amb coneixement reiterat d’incompliments administratius no ho denunciïn a la Fiscalia de Medi Ambient del TSJC.
- La creació de normatives i ajuts per impulsar els sistemes de captació de pluvials, xarxes separatives, mecanismes d’estalvi i eficiència, regeneració d’aigües grises, a nivell urbà. Cal recordar que cada dia s’aboquen al mar, a la costa central de Catalunya, més d’un milió de metres cúbics d’aigües regenerades, que amb una adequada inversió en tractaments d’afinatge es podrien recuperar i reutilitzar, alliberant cabals d’aigües potables actualment utilitzades per serveis de reg i neteja de la via pública dels municipis.
- La recuperació de zones on havien existit aiguamolls naturals i la creació de nous, de zones de laminació i llacunatge en aquells cursos fluvials, ja siguin temporals o permanents, que permetin la recàrrega dels aqüífers o l’emmagatzematge temporal d’aigua en àrees rurals, naturals o naturalitzades.
- La creació de figures de protecció del territori en aquelles àrees naturals o rurals que serveixin com a punt de recàrrega òptima de l’aqüífer (Zones Prioritàries de Recàrrega).
- L’obligació d’instal·lar sistemes de depuració en cicle tancat per a tot tipus d’activitats industrials que facin servir sistemes de refrigeració basats en l’evaporació i condensació d’aigua.
- Establir l'obligació d’eliminar els sistemes de mesura d’aigües potables per aforament en l’abastament en baixa domiciliària, que encara es detecten en molts municipis.
- Exigir transparència màxima, i publicació de les dades actualitzades, en quant als percentatges de pèrdues en les xarxes d’abastament, tant d'alta com de baixa, i responsabilitzant als seus gestors, tant públics com privats, d’aquestes pèrdues tot i els episodis de sequera, per mala gestió i deficiències en el seu manteniment.
- La reducció dràstica en les concessions a determinades activitats econòmiques que no són prioritàries i que fan un abús del recurs (camps de golf, pistes d’esquí, urbanitzacions de luxe).
- La moratòria extensiva a tot el territori català de nous regadius allà on no existeixi la disponibilitat del recurs (s’entén que per a ser disponible, el recurs s’ha de trobar en el propi àmbit local i no a centenars de quilòmetres).
- La moratòria extensiva a tot el territori català de nous embassaments d’origen artificial, així com dels existents al sistema Ter - Llobregat que disposin de centrals hidroelèctriques associades, on cal un màxim control per part de les administracions de desembassaments atípics que posteriorment tendeixen a crear escenaris de manca d’aigua, com va passar en l’anomenada “sequera” preolímpica.
- Incorporació a la política de planejament urbanístic de mesures de racionalitat en l'oferta i la demanda, internalització de costos de subministrament i tractament.
- Les bones pràctiques i el control de la capacitat màxima dels embassaments, respectant el marge de seguretat per avingudes, en quan la presència de sediments que minven la capacitat disponible d’aquestes infraestructures.
- Finalment recordar que potser ja hem depassat la línia dels límits de creixement i que la intel·ligència soluciona molts problemes, però que la saviesa els evita.

AQUESTA ÉS LA NOVA CULTURA DE L’AIGUA QUE NOSALTRES DEFENSEM

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